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Posts Tagged ‘habilidad’

(fuente: http://armandoalonso.blogspot.com/2010/04/el-triunfo-de-la-mediocridad.html)

Cada vez es más frecuente ver a gente mediocre instalada en puestos de responsabilidad. Algunos alcanzan responsabilidades muy importantes, lo cual es extremadamente peligroso para el resto de los que ellos llaman sus colaboradores. Basta con haber conocido de cerca alguna gran organización empresarial para ver cómo han llegado a instalarse estos mediocres y el resultado tan bueno que dan a los dirigentes que los manejan.

Antes de seguir con otras consideraciones, me parece oportuno definir qué es un mediocre. El diccionario de la Real Academia de la Lengua, dice que mediocre es “alguien de poco mérito tirando a malo”. En el mundo actual cuando decimos que alguien es un mediocre, queremos decir además otras cosas, definir otros rasgos, que identifican a este colectivo al que me refiero. No creo estar muy en desacuerdo con la mayoría de las personas, si entre los atributos del mediocre incluimos los de egoísta, sumiso, intrigante, inseguro, falso, lameculos, etc..

La sociedad en la que nos toca vivir, se caracteriza por carecer de una escala de valores éticos (no digamos ya morales) que orienten hacia comportamientos humanistas y hacia actuaciones que den a nuestra vida un sentido transcendente. Uno de los valores mas apreciados por la sociedad actual es el poder, el mandar (no el dirigir, que eso es mas complicado). No importa cómo se haya conseguido. Lo lícito y lo ilícito se confunden. La legalidad tiene cada vez mas connotaciones sospechosas. La justicia está en entredicho. Los abusos son constantes. El poderoso cada vez es más poderoso y el oprimido cada vez lo es más. Las diferencias entre ricos y pobres se agrandan día a día y no hay intención de resolver este problema. En este caldo de cultivo, el mediocre tiene que crecer necesariamente, entre otras razones, porque es imprescindible para el mantenimiento de esta situación tan beneficiosa para los astutos patrocinadores de esta sociedad, que tan pingües beneficios recogen.

No me quiero referir solo a los grandes manipuladores sociales, a esas grandes fortunas que dominan amplios campos de la economía mundial y que tienen poder suficiente para comprar gobiernos y medios de comunicación. Me refiero sobre todo a los no tan grandes, pero cada vez más numerosos, que necesitan permanentemente contar con un buen número de mediocres en sus nóminas, que eviten que algún inteligente o lo que es peor, alguien con visión ética de la vida, se les cuele en su organización y les hunda el invento.

Pero, ¿cómo debe de ser un mediocre?. En principio es necesario tener “madera”. El candidato que no disponga de unas cualidades mínimas, bien por ser innatas en él, o por haberlas adquirido posteriormente, no sirve. Es preciso ser sumiso; no obediente, sino sumiso a tope. Hay que practicar permanentemente aquello de que “al de arriba no hay que molestarle”, “el jefe no se equivoca”, etc.. En suma, lo que decía aquel viejo aforismo: “El Jefe es suprema bondad, y si jodidos nos tiene, será porque nos conviene: hágase su voluntad”. Esta cualidad de la sumisión es, desde mi punto de vista, fundamental; y es la que más se nota. Cuántas veces hemos visto la patética escena del mamporrero de turno (hay mamporreros de muy alto nivel) perdiendo el trasero por abrir una puerta al “jefe”, o el comentario laudatorio sobre la elocuencia con que se expresa algún imbécil, a la sazón patrón del comentarista.

Ya tenemos al mediocre en nuestra organización. Solo es preciso ponerle en órbita y definir qué papel tiene que desarrollar. Es muy importante para los fines del “mediocre mayor”, es decir del mandamás, contar con un buen puñado de mediocres esparcidos entre los mandos intermedios de su organización. Esta gente es la encargada de ser la correa de transmisión de las órdenes emanadas desde “lo más alto” y de hacerlas cumplir sin rechistar. Las órdenes pueden ser las que sean; hay que cumplirlas y basta. Por supuesto, esta clase de gente ni discrepa de sus jefes, ni permite la menor discrepancia de los que ellos consideran sus subordinados, a los que en el colmo del cinismo llaman “colaboradores”.

Otro aspecto importe a considerar es el lenguaje. Hablan de sus patrones con temor. La palabra jefe tiene para ellos connotaciones reverenciales. Las propuestas del jefe son dogmas incuestionables. Su léxico es corto, lacónico e impersonal. Son incapaces de incorporar su propio estilo. Mimetizan muy fácilmente los giros y las expresiones de sus mentores.

Aceptan de buen grado la castración mental, hasta el punto de no plantearse pensar de otra manera diferente de la “políticamente correcta”. Bien entendido que si el día de mañana, bien porque haya cambiado el mandamás o porque el mandamás piensa de otra manera radicalmente opuesta, el mediocre pensará y actuará, sin duda alguna y de forma inmediata, como se haya decidido en donde se debe decidir.

Seguro que alguien que no haya vivido de cerca este fenómeno, pensará que estoy exagerando. Mas bien creo que me estoy quedando corto, porque hasta ahora solo he comentado uno de los aspectos que más “cantan” de los mediocres. Hay otras tareas asignadas por sus patrocinadores mucho más nocivas para el resto de las personas: son las tareas de “información”.

Estos auténticos espías, se acercan a sus presas para conseguir esa información que les solicitan sus jefes, para conseguir eliminar a los “elementos peligrosos”. A esos que ponen en cuestión los objetivos señalados, que se atreven a discutirlos, que son capaces de ofrecer otras alternativas diferentes de las “oficiales”, que se atreven a contar las realidades como son y no como quieren oírlas “los de arriba”, que son capaces de pensar por sí mismos, que tienen ideas innovadoras …. En fin, que pueden poner en peligro algún sillón directivo. Esta tarea la suelen realizar con especial esmero, pues es muy importante para su supervivencia. Además añaden de su propia cosecha falsedades y verdades a medias, a fin de conseguir la eliminación profesional de los enemigos (porque para ellos no son competidores profesionales: son enemigos).

Otra función importante que desarrollan es la del robo de ideas de otros, sobre todo si esos otros “no son de la cuerda reinante”. En este caso el éxito es doble: la medalla que me cuelgo yo y la que no se puede colgar el otro. Esta tarea la suelen desarrollar de manera muy sutil. Para ello solicitan a sus “colaboradores” el concurso de su inteligencia y de sus ideas para poder desarrollarlas en beneficio de la organización. Algunos colaboradores bienintencionados, leales y con ideas propias, pican el anzuelo y presentan sus inquietudes. Estas ideas se aparcan debidamente, durante el tiempo preciso. Las ideas útiles, se retocan y se adaptan a la política oficial y cuando es menester, eso sí, con la “denominación de origen” debidamente cambiada, salen al mercado con el patrocinio de quien políticamente corresponda.

Podría seguir analizando algunos otros aspectos relevantes de los mediocres, como por ejemplo, el de prescindir de sus propios colaboradores-mamporreros cuando no les son útiles, o pueden ser un estorbo para su trayectoria. Podríamos hablar de las promesas incumplidas a sus “fieles servidores”, etc.; pero ya no me merece la pena porque me estoy empezando a cabrear y no me conviene. Lo que sí es cierto, es que mientras no cambien los parámetros éticos de esta sociedad, los mediocres tienen cuerda para rato. Las personas que aun no hemos renunciado a nuestro derecho a discrepar de manera inteligente, lo tenemos crudo en organizaciones en las que la mediocridad esté instalada en lo más alto. Pero ese reto es el que me anima a seguir manteniendo mi postura crítica e inconformista. Con la mente abierta a conocer y valorar otras ideas diferentes. Con ganas de seguir aprendiendo de cualquiera de mi alrededor. Y con la intención de mantener mi desprecio hacia tanto mediocre como hay, cuyo único objetivo en su vida es trepar y medrar a costa de los demás.

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(fuente: http://www.dreig.eu/caparazon/2009/04/28/conservadurismo-y-deficit-cognitivo/)

Por Dolors Reig
Pues quizás no hacía falta, pero una investigación reciente (Lazar Stankova, del Instituto Nacional de Educación en Singapur, Conservatism and cognitive ability, Intelligence, v37, n3, pp. 294-304, May-June 2009) demuestra que el conservadurismo y las habilidades cognitivas correlacionan de forma negativa.

O lo que es lo mismo, dicho de forma más provocadora: que aquellos que son más resistentes al cambio o reticentes a admitir puntos de vista, formas de vida, opciones dispares de las propias y conocidas, están poniendo de manifiesto su falta de inteligencia.

Os dejo traducción del abstract (resumen de la investigación):

“La evidencia se basa en un estudio de 1254 estudiantes más 1600 aspirantes a entrar en Universidades en US.  En un primer nivel de análisis, el conservadurismo correlacionaba de forma negativa con el  SAT (test de suficiencia para escuelas en EEUU, pruebas de vocabulario y analogías. A nivel nacional, el conservadurismo correlacionaba de forma negativa con el nivel alcanzado en la educación formal y el desempeño en matemáticas y lectura según el programa PISA (Programme for International Student Assessment). “

Existe cierto desacuerdo sobre la definición de “conservadurismo”. La definición de la que se parte no se limita a ideologías políticas o cuestiones de estatus socio-económico, sinó que se refiere a aspectos sociales y de personalidad:

“El “síndrome conservador” describe una persona que da particular importancia al respecto de la tradición, la humildad, la moderación, la obediencia, la auto-disciplina, la cortesía, el orden social, la familia, la seguridad nacional, el orgullo de pertenecer a un grupo con el que se identifica. Una persona conservadora suscribe creencias religiosas convencionales ya acepta, sin cuestionarlas, experiencias místicas y paranormales. La misma persona se presenta como menos abierta a desafíos intelectuales y tiende a ser el buen ciudadano, responsable en el trabajo y la sociedad, a la vez que manifiesta actitudes hostiles hacia aquellos que no pertenecen a su grupo”

Podéis encontrar más datos sobre el estudio en la librería digital científica de  Elsevier: Table 1, Table 2, Table 3.

No es algo que nos sorprenda. La propia web es un entorno de conocimiento basado en la diversidad, en la libre construcción de realidades, en su vertiente social identidades, según el conocimiento de un abanico amplio de opciones.

Los que trabajamos por hacer llegar su espíritu a la sociedad sabemos que la oportunidad de progreso, de liberación de ciertas cargas culturales retrógradas que conlleva,  es inmensa.

Me aventuraría a asegurar que, partiendo de que el conservadurismo proviene en muchas ocasiones de la disonancia cognitiva (y consecuente malestar emocional) que se genera entre lo nuevo, lo innovador y lo viejo, cómodo y conocido,  desde una óptica Conectivista, a mayor número de conexiones, más amplias serán nuestras estructuras mentales y por tanto menos vulnerables al miedo, la parálisis, que pueda provocar cualquier idea nueva.

No es nada nuevo que la formación nos hará más libres, más diversos, más tolerantes, pero no está de más repetirlo.

Nota consultada: UMBC Ebiquity

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Las empresas abundan en empleados chupamedias que se ganan el favoritismo de sus jefes. ¿Cómo reconocerlos?

Cualquier persona en un puesto de responsabilidad dentro de una organización seguramente dirá aborrecer cualquier manifestación de “chupamedismo“. “Conmigo eso no funciona”, dicen los ejecutivos, “Ningún empleado se ganará mi favor a través de la adulación barata”. Sin embargo, del dicho al hecho, hay un largo trecho.

Según el artículo The Favoritism Test de strategy+business, nuestra naturaleza humana suele ser débil ante las constantes manifestaciones de admiración por parte de los subordinados. Tenemos una tendencia inconsciente a privilegiar a quienes nos adulan. En sus prácticas de coaching para ejecutivos, el experto en liderazgo Marshall Goldsmith suele plantear un experimento para demostrar este punto.

Pregúntese: ¿Quién recibe mayor parte de su afecto en su casa?

a) Su pareja

b) Sus hijos

c) Su perro

Sorprendentemente, entre ejecutivos, el perro gana en el 80 por ciento de los casos. ¿Eso significa que los ejecutivos quieren más a su perro que a su mujer e hijos? La respuesta es un rotundo “no”.

¿Cómo se explica entonces que uno quiera más a su mujer e hijos pero dedique más atención a su perro?

Las respuestas más frecuentes son “el perro me brinda un amor incondicional” o “mi perro siempre está feliz de verme”. En otras palabras, sostiene el artículo de strategy+business, el perro es un chupamedias hecho y derecho. Y eso lo convierte en un favorito.

Según Goldsmith, si no tenemos cuidado, podemos terminar tratando a los empleados como perros, recompensándolos por lo bien que nos hacen sentir cuando nos admiran incondicionalmente. ¿El resultado? Los típicos favoritismos corporativos que premian a empleados ineficientes mientras que desmotivan a los mejores trabajadores.

Goldsmith propone otro test para saber si estamos reflejando favoritismo hacia un empleado en particular. Hágase las siguientes preguntas:

1) ¿Cuánto me quiere este empleado? (o cuánto creo que me quiere)

2) ¿Cuál es su contribución objetiva a la empresa?

3) ¿Cuánto reconocimiento le doy al empleado?

Aquí, la clave es comprender la correlación entre las distintas preguntas.

Respuesta 1: mucho. Respuesta 2: poco. Respuesta 3: mucho

Usted padece de un caso de favoritismo. Está recompensando a un empleado, no por su contribución a la empresa, sino porque le manifiesta afecto hacia su persona.

Respuesta 1: poco. Respuesta 2: mucho. Respuesta 3: mucho

Usted está tratando con justicia al empleado, recompensándolo por su contribución al negocio.

Respuesta 1: poco. Respuesta 2: mucho. Respuesta 3: poco

Usted está tratando injustamente a un empleado que produce gran valor para la empresa pero que, como no lo adula, no recibe recompensa adecuada.

En definitiva, como reza el viejo refrán, reconocer el problema es el primer paso para solucionarlo. Este sencillo test sirve para ver qué tan acertada es su percepción sobre la capacidad de los distintos empleados. No se deje engañar por los aduladores.

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Motivación: autonomía, maestría y propósito vs el palo y la zanahoria.

En este video de TED, Dan Pink (el señor que le escribía los discursos a Al Gore) analiza la teoría de la motivación, de la que los gestores han hecho caso omiso. Y es que, hay un desfase entre lo que la ciencia sabe y las prácticas habituales en las organizaciones.
Las aproximaciones mecanicistas recompensa-castigo (o sea, el palo y la zanahoria de toda la vida) no funcionan si se requieren habilidades creativas o conceptuales (para las tareas que aportan valor añadido, las que se necesitan en nuestras organizaciones hoy en día). Ese tipo de incentivos sólo tienen éxito en aquellos casos en que las normas son sencillas y existe un objetivo claro. Esto es, reducen nuestro foco y nos centramos sólo en conseguir el premio, perdiendo la perspectiva sobre todo lo demás, por lo que acaban siendo perjudiciales. Vamos, somos como burros con orejeras y nos centramos sólo en la zanahoria.
(Breve inciso: no sé porqué, en este punto, me he acordado del sistema de la carrera profesional que tenemos implantado en las organizaciones sanitarias…)
Visto que el palo y la zanahoria no funcionan, la buena noticia es que existe una aproximación al tema construida alrededor de la motivación intrínseca, esa que gira alrededor del deseo de hacer las cosas porque importan, porque nos gustan, porque son interesantes, porque forman parte de algo importante. En este caso, hay tres pilares fundamentales:
1. Autonomía: la necesidad de dirigir nuestras vidas. (enlazo un post que me ha recordado este tema, sobre la reactancia psicológica)
2. Maestría: la necesidad de hacer las cosas cada vez mejor en un asunto relevante.
3. Propósito: la necesidad de hacer lo que hacemos por un propósito mayor que nosotros mismos.
Como ejemplo: la Wikipedia (vale para ilustrar todo tipo de temas, una maravilla). Los señores de Microsoft no consiguieron con su enciclopedia Encarta y sus correctos incentivos alcanzar el nivel de un proyecto hecho sin pagar un euro a nadie, realizado sólo por el placer de hacerlo.
Bueno, os dejo el video de Dan Pink, para que lo veáis con vuestros propios ojos.

(opción de subtítulos al lado del “play”).

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(fuente:http://www.materiabiz.com/mbz/capitalhumano/nota.vsp?nid=40452)

¿Qué aporta el trabajador a la productividad de la empresa?

Un antiguo proverbio chino reza: “Si quieres un año de prosperidad, cultiva granos; si quieres diez años de prosperidad, cultiva árboles; si quieres cien años de prosperidad, cultiva gente”. Sabiduría antigua que no pasa de moda…

Por Raúl de Lama

Si bien es cierto que, desde siempre, la productividad en el trabajo (entendida como resultado de la relación entre producción y medios empleados) ha quitado el sueño a gerentes y colaboradores comprometidos, esta obsesión alcanzó un rigor verdaderamente científico en la década del ’60, cuando empezó a gestarse en Japón una revolución llamada CALIDAD que conquistó paulatinamente los mercados, obligando a las empresas del globo a alinearse o morir.

Edward Yourdon, gurú mundial de las tecnologías de la información, en sus investigaciones para conciliar productividad y automatización de procesos, despejó de manera brillante las variables fundamentales que componen este aspecto, afirmando:

“El factor humano es parte crítica del triángulo de la productividad. Las buenas herramientas incrementan la productividad en 30 por ciento, los buenos procesos pueden incrementarla en 50 por ciento; pero las mejores personas son 10 a 20 veces más productivas que el promedio…”

Así, las buenas herramientas serían los insumos “hard” (duros) que intervienen en toda actividad productiva de bienes y servicios: maquinaria, equipos, materiales, etc.

Los buenos procesos, por su parte, se entienden como los métodos efectivos para lograr los resultados esperados.

Sin embargo, ¿a qué se refiere Yourdon cuando habla de “buenas personas”?

La respuesta podemos encontrarla en la moderna teoría de las competencias, que define como “persona competente” a quien combina eficazmente conocimientos, habilidades y actitudes respecto de la tarea; dado el hecho de que hay personas que quieren y no pueden hacer las cosas bien por ausencia de conocimientos o habilidades, y existen otras que pueden y no quieren, aun cuando cuenten con estas capacidades.

Esto resulta evidente desde todo punto de vista, pues el factor humano, por su condición y posibilidad de combinar conocimientos, capacidades individuales, destrezas, experiencia e inventiva, es el único que puede poner en movimiento los demás recursos, que sin él permanecen inertes.

En esta misma línea, William Ouchi, con su Teoría Z, desde 1981 nos confirma que la productividad es mucho más un asunto de administración de personas que de tecnología u otros factores.

Sin embargo, no sólo se trata de contar con buenas personas, sino también de crear las condiciones para que éstas desplieguen todo su potencial.

En nuestros días y en el plano operativo, The Great Place To Work Institute viene revalidando objetivamente, a través de encuestas a colaboradores a nivel mundial, la estrechísima relación existente entre crecimiento económico y la generación de condiciones laborales para que las personas puedan producir en niveles nunca antes vistos.

Lo que se da en el plano de la microeconomía se refleja también en el plano macroeconómico, pues múltiples investigaciones concluyen que existe una evidencia clara de que, tanto el nivel educativo de la población como el esfuerzo inversor en actividades de I+D son determinantes importantes de la tasa de progreso técnico.

Finalmente, la evidencia de campo nos indica que, si bien la inversión en capital humano puede, en ocasiones, ser utilizada por los trabajadores como base de productividad individual; también es cierto que el aumento de capital humano se encuentra directa y positivamente relacionado con el incremento de productividad de la empresa.

Esto justifica de alguna manera que las personas, organizaciones y Estados dediquen una parte importante de su presupuesto en incrementar el nivel educacional, ya que una adecuada combinación del nivel educativo de las personas junto a importante esfuerzo en herramientas y métodos parecen ser los mas importantes determinantes del crecimiento de un país.

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(fuente: http://www.materiabiz.com/mbz/capitalhumano/nota.vsp?tok=1210950810706&nid=36390)

Trayectoria laboral de personas que tuvieron un Atari…
¿Sabe lo que es un Atari? ¿Se descostilla de risa con la serie Friends? ¿Una de las películas de su infancia fue ET? Si respondió afirmativamente, usted es un auténtico miembro de la generación X, una generación marcada por el fin de la fe en las instituciones

Por Paula Molinari

Nacidos entre el 1964 y 1980, hijos de los últimos tradicionalistas y de los Boomers, los Generación X son pocos.

Es una generación criada a la sombra de la hiperactividad de los Boomers, que observa el idealismo de sus padres defraudado por los efectos de la globalización.

La generación X crece ya en un mundo online las 24 horas: el teléfono celular, el cable e Internet.

Es una época de ruptura de grandes paradigmas: la caída del Muro de Berlín, la explosión del Challenger, los ataques terroristas en las Olimpíadas de Munich, el suicidio en masa de Jonestown, el asesinato de John Lennon, los despidos masivos de los ’80 y las crisis económicas.

Se crían en un mundo violento y conviven con las drogas y el SIDA.

Así, la mentalidad idealista de los Boomers se transforma en un profundo escepticismo entre los X.

Ellos no tienen héroes. Todos los referentes de la generación son buenos y malos al mismo tiempo: Bill Clinton, Madonna, Michael Jackson, Bill Gates, Maradona, los Simpsons…

¿En qué creen? En ellos mismos. Son los “Just do it” de Nike.

Así, las principales características de esta generación en relación con el mundo del trabajo son:

1) Individualistas

Los miembros de la generación X no creen en las empresas, ni en sus promesas y desconfían de sus jefes.

Sólo confían en sí mismos y enfatizan el auto-desarrollo. No toleran los tiempos de las organizaciones y aspiran a que éstas se muevan con sus tiempos.

2) Búsqueda de un balance entre vida personal y laboral

En oposición a los Boomers, que “vivieron para trabajar“, los X “trabajan para vivir”.

Ellos se niegan a pagar el alto costo de no dedicar tiempo a la familia ni a los amigos.

Por lo tanto, frente a una propuesta laboral que pueda deteriorar este balance, buscan inmediatamente la compensación (¿cuánto hay?).

3) Tienen una nueva concepción del espacio y tiempo

Los X son orientados a resultados y no los relacionan con el tiempo de permanencia en el trabajo. Para ellos, trabajar no es estar en la empresa sino lograr los objetivos.

Por lo tanto, no toleran la “reunionitis” y la política corporativa, ya que las ven como una pérdida de tiempo privado.

4) Valoran la informalidad en la vestimenta y en el trato. Buscan estar cómodos y ser ellos mismos.

5) Los X buscan una relación informal, transparente y directa con la autoridad.

Valoran a los jefes profesionales y que obtienen resultados. Aborrecen los contextos que marcan la distancia entre niveles jerárquicos y la burocracia.

6) Buscan desafíos continuamente, nuevas experiencias para aprender y aumentar su principal activo (ellos mismos).

Tienen terror al estancamiento. Así, buscan un “feedback” continuo y valoran a los jefes con la capacidad de transmitir conocimientos y aconsejar.

7) Por su orientación a los resultados, valoran los contextos con una adecuada estructura de premios y castigos. Se mueven bien en las meritocracias.

Ahora bien, si usted trabaja con miembros de la generación X, tenga en cuenta los siguientes consejos:

1)
Valore su talento y experiencia. Hágales saber que usted puede aprender de ellos

2) Cuando hable con ellos, vaya rápido al punto

3) Evite las reuniones y comuníquese con ellos a través de la tecnología

4)
No malgaste su tiempo. Minimice las interrupciones, las frivolidades y elimine las actividades mal organizadas

5)
Bríndeles la mayor autonomía posible

6) Comprenda su necesidad de balance laboral-familiar

7) Aliente un contexto de trabajo abierto e informal. Use la lógica y el análisis en lugar del poder y la autoridad

Paula Molinari

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